Turning Cheeks, Breaking Chains, Lifting Voices

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February 23, 2014              Trujillo, Peru                   Seventh Sunday after Epiphany

As I was in Trujillo, I was able to visit congregations in the ILEP (Evangelical Lutheran Church in Peru) and meet with community and church leaders who are passionate about holistic ministry of spiritual, emotional, and physical health.  Their understanding of the gospel is one that pushes them to act against the injustices that face Trujillo on a daily bases – Tuberculosis, AIDS, domestic violence, gang violence, rape, and political corruption.  I was honored when Hermano Jorge asked me to preach at San Andres congregation during my visit.  The gospel text for that Sunday were Christ’s words of love and non-violence found in Matthew 5:38-48.  During a week of news filled with violence in Venezuela, Ukraine, the United States, Egypt, Syria, Kenya, Peru, and elsewhere, it was a sobering text to speak on in the midst of a community that seeks to combat violence and corruption with the love of Christ.  Below is the sermon I delivered in Spanish.  The English translation is found just below it.  Texts for the sermon were from Matthew 5:38-48, Leviticus 19:1-2, 9-18, 1 Corinthians 3:10-11, 16-23.

Rompiendo Cadenas, Levantando Voces, Sueño Hecho Carne

Oremos.  Ven a nosotros, oh Espíritu Santo.  Y restáuranos para amar a nuestros enemigos a través del poder de Cristo que mora en nosotros, para que podamos romper las cadenas de la injustica y cambiar nuestro mundo por amor.  Amén.

Estaba viajando en el bus en Trujillo leyendo el periódico.  Leí sobre Venezuela, el presidente Maduro, las protestas, los 6 estudiantes que han sido asesinados por el gobierno, y vi a una foto de las cartas Leonardo López ha mandado desde su sitio en la cárcel.  Leí sobre Ucrania, las protestas y los más de 75 ciudadanos que han muerto en la lucha.  Leí sobre la violencia en los EEUU donde la violencia con armas está permitida bajo la ley en el estado de Florida y por esa ley dos jóvenes inocentes han sido víctimas del temor y racismo de sus vecinos.   Leí sobre Perú donde jóvenes están convertidos en cadáveres por el querer de robar teléfonos celulares y donde la violencia doméstica es una realidad ineludible.  Leí que una de cada tres mujeres en el planeta va a ser golpeada o violada en su vida…un billón de mujeres, hijas, madres, abuelas, hermanas, amigas.

Sentí algo creciendo dentro de mí.  Era un sentimiento que conocí bien.  Era odio.  Era temor, era el conocimiento que yo también tengo la capacitad de hacer actos de violencia.  Era un cáncer que me comía porque no vi a ni un lado evidencia de esperanza.  Mi indignación a la injusticia me quitó las fuerzas y el odio me rodeaba ocultándome de la luz del día.  Me quedé dormida y soñaba.

Abrí mis ojos y El Ladrón me saludó.  Tenía una cara muy amable y una voz que me consolaba.  <<Conozco bien tu sentimiento>> me dijo.  Y me presentó con las herramientas de resolver todos mis problemas…fueron armas y cuchillos, palabras de odio y rencor.  Me miró el ladrón y me dijo <<¿Tienes problemas con el gobierno?  Mata al político.  ¿El gobierno tiene problemas con sus ciudadanos? Mata a los que protestan.  ¿Tienes problemas con tu esposa?  Golpéala.  ¿Tienes problemas con tu hijo?  Golpéalo.  ¿Tu vecino está escuchando a música y haciendo mucha bulla?  Dispárale.>> 

Me estremecía mientras que mi agarro se apretó sobre las herramientas que el ladrón me había dado. 

Soñé que estuvieron ustedes ahí conmigo.  Fuimos por Venezuela, por Ucrania, por Egipto, por Kenia, por los EEUU, por las calles de Trujillo, por los hogares donde nuestros vecinos quedaron con contusiones y vergüenza.  Juntos mirábamos al mundo en que habitamos donde las fuerzas nos fallan, donde el poder nos corrupta, donde el querer de sobrevivir y mantener el poder nos quedan con cadáveres a nuestro rededor.

Nuestras lágrimas cayeron sobre el suelo que florecía frutos podridos de violencia y odio.  Desesperados, nuestro llanto fue recibido por el Espíritu de Dios.  La mano de Dios actuando en nuestro mundo.  El Defensor nuestro que ve a nuestras heridas y clama por justicia.

Soñé que estuvimos entre la multitud escuchando a las palabras de Jesús.  Él nos miró con la multitud: gente sin poder, gente débil, gente golpeada por la vida, por el gobierno, por los sistemas injustos y relaciones abusivas, y también gente que practican violencia y abuso por el intento vano de deshacerse de sus circunstancias que les hacen sentir inútiles. 

<<Fueron creados por algo mejor.>>  Su voz dijo.  <<Fueron creados por justicia, por vida, por amor.  Amen a sus prójimos, amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen.  Así ustedes demuestran al mundo que son hijas e hijos de Dios.>>

Soñé que estuvimos en el monte de Calvario y las heridas de Cristo abrieron anchas para tragar todas las armas, cuchillos, violaciones, atrocidades, abusos.  Y aun abrieron sus heridas para tragar al ladrón y la muerte, quitando el poder que tenían sobre nosotros.

Vimos que él fue traspasado a causa de nuestra rebeldía,
fue atormentado a causa de nuestras maldades;
el castigo que sufrió nos trajo la paz,
por sus heridas alcanzamos la salud.

Vimos que la sangre derramada por nosotros nos llevó al vientre de la tumba vacía y las cicatrices de la violencia fueron lavados en un reino que viene del Dios humillado en la cruz, él que no tuvo miedo de mostrar misericordia a sus enemigos, él que demostró indignación cuando le enfrontó a la injusticia, corrupción y violencia no con armas y odio pero con amor y convicción, él que allanaba el camino para que la vida abundante florezca…

Escuché la voz de Cristo, <<El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.>>

Sus palabras me chocaron y desperté de mi sueño.

Al mirar por la ventana del bus, vi que la sabiduría de este mundo que nos dice que la violencia es más fácil que el diálogo fue convertida en tontería por el Cristo que se humilló en la cruz y se levantó de poder de la tumba vacía. 

Bajé del bus y estuvieron ustedes ahí a mi lado.  Vimos la cara de Jesús en nuestros prójimos, en la gente que nos pasaba.  Reconocimos que somos el templo de Dios donde mora paz y amor y el poder de deshacer la cadena de violencia e injusticia.  

Y al recordar eso, dejamos caer en suelo las herramientas del ladrón y agarramos al amor que nos hizo renacer por la vida en abundancia. 

El espíritu nos tomó de la mano y caminábamos al ritmo de la kena y zampoña, listos por el trabajo de romper las cadenas de injusticia y anunciar que somos creados por algo mejor. 

<<Somos creados para la vida abundante>> la voz del espíritu nos dijo <<y ese sueño ha hecho carne por el Cristo de amor.>>

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Turning Cheeks, Breaking Chains, Dreams Made Flesh

Let us pray:  Come to us, Holy Spirit, and restore us to love our enemies by the power of Christ at work within us so that we may break chains of injustice and change the world around us by love.  Amen.

I was traveling on a bus in Trujillo, reading the newspaper.  I read about Venezuela, President Maduro, the protests, the six students who have been killed by police forces, and I saw pictures of Leonardo Lopez’ letters from prison.  I read about Ukraine, the protests and the more than 75 citizens who have died in the last month.  I read about the United States, about the “Stand Your Ground Laws” that have made it possible to use lethal force against perceived threats, I read about youths being killed due to the fear and racism of their neighbors.  I read about Peru where teenagers are converted into cadavers for their cell phones and where domestic violence is treated as an inevitable reality.  I read that one in every three women in the world will be beaten or raped in her lifetime…one billion women, daughters, mothers, grandmothers, sisters, friends.

I felt something growing inside of me.  It was a feeling I knew well.  It was hate.  It was fear.  It was the knowledge that I, too, have the capacity to participate in heinous acts of violence.  It was a cancer that ate me up because I did not see hope anywhere around me.  My indignation at injustice stole my strength and the hate I felt surrounded me, shutting out the light of day.  Exhausted, I fell asleep and dreamed.

I opened my eyes and the Thief greeted me.  He had a very friendly face and a voice that consoled me.

“I know your feeling well,” he said to me.  And he presented me with tools to resolve all of my problems…guns, knives, words of hate and bitterness.  I looked at the Thief and he said to me, “You have problems with your government?  Kill a politician.  The government has problems with its citizens?  Kill the protestors.  You have problems with your wife?  Punch her.  You have problems with your kid?  Hit him.  Your neighbor is listening to music too loud and making noise?  Shoot him.”

I became overwhelmed as my grip tightened over the tools that the Thief had given me…

I dreamed you all were there with me.  We went to Venezuela, to Ukraine, to Egypt, to Kenya, to the United States, to the streets of Trujillo, to the homes were our neighbors are marked by bruises and shame.  Together we gazed upon the world in which we live where strength fails us, where power corrupts us, where the desire to dominate at all costs has left us with corpses all around us.

Our tears fell upon the ground that was flowered with putrid fruit of violence and hatred.  In despair, our cry was received by the Spirit of God, the hand of God acting in our world, our Advocate that sees our scars and cries out for justice.

I dreamed that we were part of the multitude that heard the words of Jesus.  He looked upon us in the crowd:  people without power, people who have been humbled, people who have been beaten up by life, by the government, by injustice systems and abusive relationships.  Yet he also gazed upon us – the people who practice violence and abuse as a vain attempt to dissolve circumstances that make us feel useless.

“You were created for so much more,” his voice said. “You were created for justice, for life, for love.  Love your neighbors, love your enemies and pray for those who hurt you.  That is how you show the world you are daughters and sons of God.”

I dreamed that we were at Calvary and that the wounds of Christ opened wide to swallow all the weapons, rapes, atrocities, abuses.  They even opened wider to swallow the Thief and Death, ending the power they had over us.

Together, we saw that “he was pierced for our transgressions, he was crushed for our iniquities; the punishment that brought us peace was on him, and by his wounds we are healed.”1

Together, we saw that the blood poured out for us led us inside the womb of the empty grave where all the scars from our violence were washed in a kingdom that comes to us in a humbled God on a cross, the God who did not have fear to show mercy towards enemies, the God who demonstrated indignation when confronted with injustice, corruption, and violence – not with weapons and hate, but with love and conviction, the God who prepared the way for abundant life to flourish…

I heard the voice of Christ, “The Thief comes only to steal, kill, and destroy; but I have come so that you may have life and have life abundantly.”

His words startled me and I awoke from my dream.

As I looked outside the bus window, I saw that the wisdom of this world that says that violence is easier than dialog was converted into foolishness by the Christ who humbled himself to death on a cross and rose from the grave.

I stepped off the bus and you all were there with me, by my side.  We saw the face of Christ in our neighbors, in the people that past by us.  We recognized that we are the temple of God, the dwelling space where peace and love and the power to break the chains of violence and injustice live.

As we remembered this, we loosened our grip on the Thief’s tools, letting them fall upon the flowered ground.  And instead, we took hold of the Love that made us alive once again to live in life abundant.

The Spirit took us by the hand and we walked to the rhythm of the kena and the zampoña, ready for the work ahead of us of breaking chains of injustice and announcing that we were created for so much more.

“We were created for abundant life,” the voice of the Spirit sang to us, “and that dream has been birthed in you by the Christ of love.”

1Isaiah 53:5, Isaías 53:5

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With Hermano Jorge and the young adults of San Andres congregation.

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With a parishioner of San Andres Evangelical Lutheran Church.

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